8 de mayo de 2009

Nueva poesía: Fénix


Cuenta la leyenda que en cierta ocasión un ave fénix sobrevolaba un inmenso jardín lleno de extravagantes flores cuando de repente una de ellas le llamó la atención. Era una rosa, pero no una rosa cualquiera, era de color blanco. ¿Qué tiene de especial una rosa blanca? podrías preguntarte, pero el fénix nunca había visto una rosa blanca, toda su vida había estado plagada de halagos, vanidad y soberbia debido a su hermoso plumaje, y esa rosa le proporcionaba algo que él nunca había sentido, se sentía dichoso de nomás verla entre millones y millones de flores diferentes entre sí, pero ninguna con la inocencia y pureza que le generaba aquella rosa. Se quedó largamente mirando aquel maravilloso espectáculo que los días y las noches pasaron, y él simplemente estaba contemplándola, preguntándose hacia sus adentros: ¿hasta cuando durará? ¿por cuanto tiempo podré estar en este lugar deleitándome con su fragancia? Estas y muchas otras preguntas y planes sobre el futuro gravitaban alrededor de la mente del fénix, imaginándose como sería su vida con aquella flor ó como había sido la vida de aquella flor que no se dio cuenta de las muchas lunas que pasaron y la flor comenzó a marchitarse. Cuando por fin el ave vio el inevitable destino de su amada, tuvo miedo de quedarse solo y arrancó la flor desde la raiz con su pico y se la llevó consigo a un manantial. Sin embargo, la flor murió antes de llegar a aquel lugar y el fénix se lamentó largamente sobre su actuar, ya que había pasado tanto tiempo con ella y no había sabido disfrutarlo. Por fin su corazón había encontrado aquella inocencia y pureza y de un momento a otro lo había perdido, lo sentía destrozado. Sentía como su plumaje iba perdiendo color debido al dolor que llevaba internamente pero aún no era tiempo de llorar. Preparó su nido, con incienso, mirra y flores y cuando llegó el momento, soltó la lagrima que había mantenido escondida en su alma, y el nido junto con él se prendió en una gran llama de fuego. De las cenizas que quedaron surgió un polluelo, que empezó a caminar y luego aprendió a volar con nuevas alas, voló mucho más alto que su sucesor y con un plumaje mucho más hermoso, con un corazón puro sobrevoló sobre aquel jardín en busca de una nueva flor que cautivara su alma.

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