
"Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que la mire para ser dichoso" (El Principito, Antoine de Saint Exupéry)
Había una vez una duda... una inquietud que rondaba en mi mente y que no quería tomar forma, pero sabía que existía... Había un sentimiento... si, definitivamente había un sentimiento: te miraba, te escuchaba, te traía en mi mente, te sentía... sin embargo la duda no dejaba de asecharme. Y de repente un día, escondidos entre sombrar te buscaba entre todos los seres que había a mi alrededor... si, estaba ahí de nuevo ese sentimiento y en un instante pasó todo: te vi y el tiempo se detuvo, no hubi ni un murmullo ni un movimiento, te tenía frente a mi y pasaste tu suave y tierna mano sobre mi rostro. Aquella duda que bloqueaba la luz del sol sobre mi mundo se desvaneció y entonces lo supe... supe que eres la flor que perfuma mi planeta, que haces que todas las voces callen, quién me pone nervioso con-con sólo verte, con quién no importa destruir soles y cruzar infiernos con tal de susurrarte al oído que te quiero y a quién cada vez que abrazo se convierte en el más frágil y bello tesoro de mi universo: tu.
Había una vez una duda... una inquietud que rondaba en mi mente y que no quería tomar forma, pero sabía que existía... Había un sentimiento... si, definitivamente había un sentimiento: te miraba, te escuchaba, te traía en mi mente, te sentía... sin embargo la duda no dejaba de asecharme. Y de repente un día, escondidos entre sombrar te buscaba entre todos los seres que había a mi alrededor... si, estaba ahí de nuevo ese sentimiento y en un instante pasó todo: te vi y el tiempo se detuvo, no hubi ni un murmullo ni un movimiento, te tenía frente a mi y pasaste tu suave y tierna mano sobre mi rostro. Aquella duda que bloqueaba la luz del sol sobre mi mundo se desvaneció y entonces lo supe... supe que eres la flor que perfuma mi planeta, que haces que todas las voces callen, quién me pone nervioso con-con sólo verte, con quién no importa destruir soles y cruzar infiernos con tal de susurrarte al oído que te quiero y a quién cada vez que abrazo se convierte en el más frágil y bello tesoro de mi universo: tu.
Noche oscura llena de estrellas y lunas... y un desenlace.
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