En una aldea en el bosque, hace algunos años, vivió un joven elfo. Era fuerte y valiente en las batallas e inteligente y listo para resolver los problemas, era amado por los habitantes del bosque, pero desde que era pequeño no dejaba que las personas se acercaran a él. Nadie lo sabía, pero cuando el joven elfo era apenas un niño, en cierta ocasión, intentando alcanzar una bella rosa que es encontraba en medio de un jardín de cardos, tropezó antes de llegar a ella y una espina le atravesó su ropa y se clavó en su corazón, el dolor fue indescriptible, y lo único que hizo fue levantarse darse media vuelta y regresar de donde había partido, sin haber alcanzado su rosa. Cuando estuvo de regreso en su hogar, y cuando nadie lo viera, intentó sacarse la espina, pero tan solo de tocarla revivía el intenso dolor que le produjo aquella caida y sus consecuencias. Y prefirió dejarla ahí. Sin embargo, cada vez que abrazaba a algún familiar ó amigo, aquella espina volvía a ser tocada, y el dolor revivido, pero peor aún, la reacción ante el dolor hacía que aquella misma espina lastimara a la otra persona. Y así, creció en soledad, sin querer acercarse a nadie ni que nadie se acercara a él intentando evitar su propio dolor y el dolor para los demás. Se enfocó en las batallas y en las artes, y nunca antes se había visto alguien tan diestro con el arco ni tan apasionado con la música como aquel elfo, por las mañanas practicaba con el arco y por la tarde tocaba la flauta, pero al llegar la noche, el silencio se cernía a su alrededor y le impidían conciliar su sueño, y cuando al fin dormía, los fantasmas llamados amargura y angustia visitaban sus pesadillas.
Un día, mientras tocaba dulcemente la flauta en un claro del bosque, una joven y hermosa elfa se acercó por sus espaldas, inquieta por descubrir de donde provenía aquella dulce melodía, se acercaba lentamente al claro del bosque en dirección a nuestro joven elfo. Apenas iba a saludarlo cuando un fuerte rugido rasgó el cielo y un enorme dragón bajó directamente hacia ella, para tomarla entre sus garras, él al ver aquello, rápidamente sacó su arco y una flecha y apuntó hacia las garras del dragón, y este cuando sintió el dolor en su pata derecha, soltó a nuestra joven desde lo alto, pero nuestro héroe fue rápido y recibió en sus brazos a la damisela. Ella estaba muy asustada, y lo único que sintió hacer fue abrazarse de su liberador, pero desgraciadamente aquella vieja espina rozó directamente el corazón del joven y se apartó bruscamente de ella, asustándola. Y salió corriendo sin decir palabra alguna. Durante los dias siguientes se volvieron a ver, y a pesar que él nunca permitía que ella se le acercara, se fueron conociendo y haciéndose buenos amigos, hasta tal punto que en más de una ocasión fue él el que quería estrechar entre sus brazos a su nueva amiga, pero en el momento en que pretendía hacerlo, recordaba su espina y daba un paso atrás, y se sentía triste al observaro como ella y otros amigos si se abrazaban en señal de amistad, cuando él simplemente no quería dada su condición.
Pero una noche, mientras luchaba contra sus antiguos fantasmas que desde la niñez lo atormentaban, decidió que ya no quería seguir viviendo así, así que tomó su espada en su mano izquierda y su escudo en su brazo derecho y luchó ferozmente contra aquellos fantasmas hasta derrotarlos. Cuando despertó, aún envuelto en sudor por la intensa batalla librada, los primeros rayos de sol entraron por la ventana, iluminando su mesa de trabajo, donde estaban los istrumentos que utilizaba para fabricar instrumentos musicales. Y fue así como tomó una de sus pinzas más finas, se desgarró la camisa para dejar su pecho expuesto, tomó la espina con las pinzas dispuesto a sacar de una vez por todas el tormento de su corazón, y aunque con sólo tomarla le dolió horrores, contó: 1... 2... 3...

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