14 de junio de 2010

P**n***a A**

Existe en mi cabeza una historia que desde hace muchos años quiero contar y por fin hoy me he decidido en empezar a escribirla asi que me siento sobre mi cama con la espalda apoyada sobre mi siempre fiel almohada que descansa sobre la fría pared de concreto de mi habitación.  Fría debo admitir, porque el aire acondicionado a empezado apenas a refrescar mientras afuera se libra una intensa batalla entre la humanidad y el verano.  Apoyo mi computadora sobre mis rodillas, abro el editor de textos y empiezo a escribir:

"Existe en mi cabeza una historia que desde hace muchos años quiero contar y por fin hoy me he decidido en empezar a escribirla asi que me siento sobre mi cama con la espalda apoyada sobre mi siempre fiel almohada que descansa sobre la fría pared de concreto de mi habitación.  Fría debo admitir, porque el aire acondicionado a empezado apenas a refrescar mientras afuera se libra una intensa batalla entre la humanidad y el verano.  Apoyo mi computadora sobre mis rodillas, abro el editor de textos y de repente escucho un ruido en mi habitación.  Es un ruido extraño, lejos del sonido del aparato que enfría el espacio interior no hay ningún otro elemento que interfiera, es algo parecido al 'crac' de una rama seca... le resto importancia y sigo escribiendo, pero pronto 'crac' se escucha de nuevo aquel ruido.  Inspecciono con la mirada cada ínfimo espacio de mi habitación, y justamente cuando alejo la mirada del centro de la pared que está frente a mi, lo percibo, un minúsculo punto verde que minutos antes no existía, regreso la mirada y ya no está, quita la mirada de ahí y aparece... comprendo entonces que el punto solamente se ve cuando no lo veo.  Guardo en mi memoria la posición de aquel punto y me levanto a observarlo.  De cerca no se ve como un punto verde, es algo que nunca he visto en mi vida: es una circunferencia, de eso no hay duda, pero es una circunferencia que no está sobre la pared sino que parece que está suspendida unos milímetros de ella, sus bordes son verdes aunque no logro apreciar el espesor de estos y todo lo demás es completamente blanco, de un blanco frío que con sólo acercarme logro percibir la gelidez que emana desde su centro.  Coloco el dedo de mi mano derecha sobre él e intento moverlo, pero no lo logro, al contrario, alargo aquella figura con mi dedo, asi que coloco mi otro dedo y comienzo a hacer aquella pequeña figura geométrica más grande, cada vez más grande que sus dimensiones se escapan de mi control y empiezan a llenar cada centímetro de las paredes de mi habitación, el viento se vuelve cada vez más frío por lo que rápidamente tomo un abrigo de mi closet antes que aquella figura geométrica lo engulla con su blanco resplandor.  El suelo también comienza a transformar su textura, de una superficie dura a una muy blanca en el que se hunden mis pies, entonces lo noto: estoy parado sobre nieve.  Al rededor de mi comienzan a aparecer muchos pinos de las montañas, y una especie de monos árticos juegan en ellos quebrando ramas mientras saltan de un pino a otro.  A lo lejos se divisan las enormes montañas heladas con picos que se pierden entre las espesas nubes que cubren el cielo.  Ya no escucho más el aire acondicionado de mi habitación, ni siquiera la misma atmósfera, es como si estuviera en otro mundo.

"Ahora estoy caminando a través de aquel bosque poblado de pinos y no he encontrado ni un alma.  Los monos árticos me siguen desde una distancia prudencial, no se si me tienen más miedo de lo que yo les profeso a ellos, pero no quiero averiguarlo, al menos no ahora, lo único que quiero es escontrar algún vestigio de civilización.  Por fin lo encuentro: es un camino entre la nieve, aunque parece que no ha sido usado en mucho tiempo, aún conserva su forma y en una de sus orillas aún se encuentra un viejo letrero de madera que indica una dirección y sobre él logro distinguir algunas letras: P**n***a A**, las demás ya no se logra adivinar cuales eran.  Al menos esto me dice que aún me encuentro en mi mundo, ya que usan las mismas letras que yo conozco.  Camino en aquella dirección y no tardo en toparme con una enorme mansión hecha de madera, tétrica y acogedora a la vez, y de cuando en vez se tuerce de un lado hacia otro crugiendo por todo lo alto cuando las maderas se mueven.  Ni siquiera tengo tiempo para tocar la puerta cuando esta se abre inmediatamente como si supiera que yo quiero entrar, aún un poco desconfiado entro y detrás de mi la puerta se cierra dejando atrás el ruido de la nieve que cae y el congelante viento que empezaba a roer mis huesos.  Dentro se respira un aire cálido, aunque la chimenea no está encendida, se infla y se desinfla al compás de una respiración, es como si la casa estuviera realmente viva.  La sala principal es mucho más pequeña de lo que suponía, al igual que las demás habitaciones, excepta la última, cuya puerta, la más nueva de toda la casa se encuentra al final del pasillo y al abrirla, me da el paso a una enorme biblioteca, con estanterías de libros que se elevan hasta el cielo, donde se pierden en la oscuridad donde la luz de las antorchas que cuelgan en las columnas no alcanza a iluminar.  Es una habitación perfectamente simétrica: una circunferencia, y en su mero centro hay una silla, y sobre la silla una hermosa dama vestida en las mejores galas que he visto en mi vida, su mirada es cautivadora y lo único que encuentro a hacer es perderme en ella, porque la tiene dirgida hacia mí, el espacio está cargado de un suave perfume que tranquiliza lo más profundo de mi ser, y mis oidos se deleitan con el dulce tono de su voz que me dice:

- Bienvenido... te estaba esperando..."

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