12 de julio de 2010

Koalas



Por fin ha dejado a a todos atrás, corrió por un tiempo que le pareció infinito y atravesó miles de puertas y calles pero al fin sus voces se habían callado, sin embargo, cada cierto número de pasos se volvía a mirar su propio trayecto para gritar en modo de respuesta a aquellos que le hablaban desde sus espaldas y les decía “¡Nunca más quiero volver a verlos!”, “¡Me iré y nunca más me volverán a ver!”, “¡Estoy bien estando sola!” y volvía a correr derramando lágrimas a cada paso que daba.  Y había corrido tanto que ya desconocía el lugar en el que ahora se encontraba asi que se detuvo un momento a observar aquellas nuevas calles que nunca había transitado.  Extráñamente, tanto la calle como los edificios tenían tonos completamente grises, y no solamente ellos, sino también el cielo, los árboles y las formas abstractas que recordaban figuras humanas que pasaban al lado de ella, y cada vez eran más.  Caminaban una tras de la otra en ambos sentidos de las aceras y hablaban en murmullos, aunque en un idioma que no reconocía, no alcanzaba a divisar sus rostros ya que estaban cubiertos por una sombra que solamente permitía reconocer lo blanco de sus ojos y tuvo miedo, puesto que aquellos ojos la miraban fijamente, y volteó a sus alrededores y sintió una enorme fuerza que se cernía sobre ella cuando todas las miradas se dirigían a ella, y lo único que supo hacer fue salir corriendo.

Corrió y corrió, más aún que la primera vez, más allá de aquellas lúgubres calles pero lo único con lo que se topó fue con edificios cada vez más extraños, cada vez más altos, más delgados y más curvos que se cerraban en el cielo y desde cuyas ventanas más ojos melancólicos la observaban, ahí, no había sombras caminando por las calles, pero un frío le empezaba a calar hasta los huesos y pequeñas gotas de agua empezaban a brotar desde el pavimento resquebrajado y sus pies ya comenzaban a congelarse debido a la humedad.  Asi que se sentó para frotarselos con las manos y apagó un grito cuando se dió cuenta que no sólo sus alrededores eran de tonalidades grises, sino que ella misma también había perdido todo color, y lloró, y junto con ella todos los edificios comenzaron a oscilar y a gemir junto con ella y el cielo se abrió y cayó una fuerte lluvia.

Cuando por fin se hubo serenado, la lluvia dejó de caer y empezaron a crecer unas ramas secas de entre las grietas del pavimento y de las paredes de los edificios, además crecieron unos faroles que vinieron a alumbrar un poco aquel tétrico paisaje.  Y entonces lo vió, trepado sobre una de aquellas farolas, había un oso de peluche, aunque le pareció extrañó el por qué un oso de peluche estuviera colgado de una farola, pero entonces se movió, lenta pero seguramente hasta alcanzar la farola que estaba a una gran altura.  Ella, preguntó: “¿Qué eres?” y una voz desde la siguiente farola le respondió “Soy un koala”, sorprendida volteó a ver y se encontró con el mismo koala, mientras que al regresar la vista a la primer farola el koala que había visto segundos antes ya no estaba, y volvió a preguntar: “¿Cómo te llamas?”, y de nuevo, desde una farola aún más lejos, la misma voz respondió “Kamir, ¿y tu?” y al fijar la vista en aquel lugar Kamir ya había vuelto a moverse de lugar, “Mi nombre es Are” respondió y se acercó de nuevo a la farola, y así fue como inició el juego.  Are hacía una pregunta y una voz desde la siguiente farola le contestaba, y asi fueron caminando, Are ya sonreía con aquel juego asi que cada vez hacía más preguntas y más rápido, ahora ya corrían.  “¿De dónde vienes?”, “Del lejano Reino de las Hadas”, “¿Tienes familia?”, “Mis padres y mi hermana”... asi recorrieron muchas calles y las farolas cada vez eran diferentes, algunas de estilo victoriano, otras de la época del bárroco, otras muy modernas con placas fotovoltaicas en su cima, otras simplemente de madera, pero Are no se percató de aquello, estaba tan emocionada con el juego, que no se dio cuenta que poco a poco los edificios iban desapareciendo y las farolas se iban convirtiendo en árboles que eran iluminados por enjambres de luciérnagas.  Y así hubiera seguido si no hubiese preguntado “¿Por qué estas aquí?” y una voz le respondió desde lo más lejano de la vasta llanura que se cernía ahora frente suyo “Para guiarte” y se detuvo de repente.  Aquel valle se extendía hasta perderse en una inmensa línea negra con el cielo nublado, ni un árbol, ni un cerro, ni una montaña, ni siquiera un lago ó un río, todo era tierra plana hasta donde la vista alcanzaba, volteó a ver para regresar a la ciudad, pero a sus espaldas se encontró con el mismo paisaje desolado y volvió a sentir frío.

Cuando por fin salió de su conmoción, vió a todo su alrededor para cerciorarse del lugar en el que se encontraba y no divisó ni un alma.  Entonces dijo “¡Hola!” y de sus espaldas una voz jóven le respondió “¡Hola!”, como no era la voz de Kamir se sorprendió y se dio la vuelta, frente a ella se encontraba un joven, más o menos de su misma edad, pero iba vestido de tal forma que lo único que pasó por su mente fue “Qué raro es”.  Iba vestido con un pantalón de cuadros, una camisa negra cuya manga izquierda era más larga que la derecha y con muchos jirones que delataban una camisa interior que tenía dibujadas muchas esferas de muchos colores, tenía tiras de cabellos de color verde y dorado, y llevaba la cabeza coronada por un alto sombrero de copa con un As de espadas en él.  “Ho... hola” volvió a decir quedamente Are esbozando una leve sonrisa, “¡Hola!” respondió el muchacho “es un gusto haberte encontrado, nunca creí que el despistado de Kamir lograra encontrarte, sobre todo con tantas chicas grises que pasan hoy en día por estos rumbos ¿por qué no te pones algo de color?”, “¿Cómo lo hago?” preguntó Are, “pues, talvez podría funcionar sonriendo” y el muchacho le sonrió amablemente que Are sólo pudo responder con una sincera sonrisa y como por arte de magia, los colores de su ropa, de su piel y de su cabello volvieron a existir y nuna antes los había visto tan vivos como esta vez, ahora Are tenía una sonrisa de oreja a oreja.  “Eres un hermoso color rosa... ” le dijo... “¡Ah! perdona mi falta de etiqueta, aún no me he presentado, mi nombre es DeLarge” e hizo una reverencia, “y creo que ya conociste a... “ y se volteaba a sus espaldas “a... a... ¿dónde se habrá metido?”, “Aquí estoy” contestó Kamir asomando por uno de sus hombros, “un gusto en conocerte también Are” prosiguió, “nosotros fuimos encomendados para guiarte hasta el castillo de El Escritor”, “¿El Escritor? ¿Quién es él?”, “No lo sabemos” respondió rápidamente DeLarge, “¿Cómo? Explícate” ordenó Are... “Bueno...” dijo titubeando DeLarge “tanto Kamir como yo fuimos imaginado con el único propósito de guiarte hasta él, a pesar que no sabemos ni siquiera qué camino tomar ni quién realmente es él”, “¿Y cómo piensan guiarme entonces?” decía ya con un tono de impaciencia, “Se supone que tu debes mostrarnos el camino”, “¿Yo? ¿Cómo se supone que debo hacer eso?” y fue entonces cuando le fue revelado un gran secreto: “El camino debes crearlo tu, con el poder de tus palabras” respondió sabiamente Kamir.  DeLarge la veía con gran expectativa como si esperara un gran suceso, Kamir mientras tanto, esperaba pacientemente. Are no sabía exactamente qué hacer, muchas ideas pasaban por su mente, pero muchas le parecían absurdas... ¿dónde conseguiría un pincel tan grande para pintar todo aquel lugar?, así que se decidió por la idea que consideraba más cuerda: cerró los ojos y dijo en voz alta: “veo un inmenso prado lleno de pasto verde” y abrió los ojos.

Lo primero que observó fue el mismo cielo gris y la misma línea negra en el horizonte y se decepcionó de que su idea no funcionar... al menos a la primera, ya que al bajar la vista observó como el pasto iba creciendo lentamente desde la planta de sus pies, era un pasto realmente verde lleno de vida y a medida que su emoción iba en aumento, el pasto crecía cada vez más rápido hasta que se perdió en el horizonte.  Volteó a ver a DeLarge y a Kamir que veían igual o incluso más sorprendidos aquel nuevo paisaje, asi que volvió a cerrar los ojos y recitó: “Ahora veo muchos árboles frondosos cuyo fruto es un delicioso manjar, dulce y cítrico a la vez...” y mientras hablaba los árboles comenzaban a nacer desde lo profundo de la tierra, los cerros y montañas empezaron a poblar el horizonte, con enorme puntas llenas de nieve en los picos más altos, cada hoja de los árboles eran diferentes y no se repetían sus formas hasta el infinito, y cada copa era de un color diferente, de todas las tonalidades que se podían imaginar, y entre ellos empezaron a emerger muchas criaturas, desde nuevos koalas, monos de color plateado, colibríes que zumbaban por todos lados... y del suelo brotaban hermosas rosas de color carmesí, algunas azules, otras verdes... incluso una que otra blanca... y Are dijo finalmente “Y el cielo está coronado por un eterno atardecer que lo habitan inmensas nubes de color rosa pastel”... al decir esto abrió los ojos y ante ella vió el paisaje más hermoso que había imaginado hasta ese momento... las cataratas brillaban cuales espejos por la intensa claridad del agua, aves con colores del arcoiris surcaban los cielos y una pequeñas criaturas iluminaban aquel atardecer, y no tardó en reconocerlas... eran las hadas que habitaban en sus sueños.  DeLarge dijo pausadamente “Es tal como lo recuerdo”, “Es muy hermoso Are, este, es el poder de tu palabra” continuó Kamir.  Are ahora era ahora la criatura más contenta que se pudiera encontrar en aquel lugar... pero rápidamente recordó “Entonces, ¿cuál es el camino?”, DeLarge, saliendo de su ensueño, sonrió de oreja a oreja y haciendo de nuevo una reverencia dejó ver lo que se encontraba hacia sus espaldas diciendo soberamente “Bienvenida al Camino de Polvo de Estrellas” y de sus pies nacía un pequeño arroyo, pero en lugar de llevar agua llevaba un polvo brillante, muy brillante y allá donde se acumulaban nacían pequeñas estrellas, luego enormes galaxias espirales, y a medida que se alejaba, el río se iba ensanchando y serpenteaba a lo largo de la pradera y se perdía detrás de las montañas, pero detrás de ellas se divisaba un intenso fulgor verde.  “Aquel destello verde es la morada de El Escritor, es allá donde debemos dirigirnos” dijo Kamir, “¿Para qué?” preguntó Are, “Desde hace mucho tiempo que quiere hablar contigo, así que nos encomendó esta tarea, ni siquiera el más furioso huracán es capaz de detenerlo”.  “Ahora si me permites Kamir” dijo DeLarge, “es hora de guiar a nuestra invitada” y le extendió su brazo para que se asiera de él, Are no lo pensó dos veces y juntos se pusieron en camino sobre el Camino de Polvo de Estrellas en dirección hacia el Castillo Verde que descansaba por debajo del sol, e iban siempre acompañados por un ejército de nubes rosas en el firmamento.

0 comentarios: